domingo, 6 de enero de 2013

El año de los Níscalos.


Hace como unos 12 años, mientras cabalgaba entre  la niñez y la adolescencia, viví una experiencia grandiosa. Un compañero de mi padre nos llevó a una ladera de las que flanquean el camino de Granada a Quéntar y allí, protegidos bajo el mullido musgo que prosperaba bajo los pinos, se escondían estas setas tan culinariamente valoradas. Desde que cumplí la mayoría de edad, cada año a partir de las primeras lluvias de otoño volvía a esa otrora generosa loma, que siempre se encontraba árida. Deducía yo que no había llovido suficiente, que alguien se me había adelantado o, por fin, que ese lugar ya no era propicio para la proliferación de estos codiciados seres. Pero este año, la abundante lluvia y la fortuna me han brindado por fin lo que tanto ansiaba. En buena compañía hice algunos maravillosos hallazgos:




La mayoría eran más grandes que los que recuerdo haber cogido aquella vez, y es que puede que estos sean los de otra especie (Lactarius semisanguifluus frente a L. deliciosus, Rovellón frente a Níscalo) que crece más avanzado el otoño resguardándose del frío bajo arbustos, en este caso jaras y pequeñas encinas.
Pero no fue esta la primera vez que me reencontré con la seta de pino desde aquella nostálgica mañana años atrás, aunque casi. Hasta este año no lo he conseguido, y fue el pasado Noviembre en los sevillanos pinares de Aznalcázar, situados entre esta localidad y Puebla del Río.


Champiñones, muchos Níscalos y un Gallipierno.

Un estupendo ejemplar de Macrolepiota.

1 comentario:

  1. Buena amigo!!!!! me parece genial el articulo. Veo que poco a poco te estas convirtiendo en un gran micologo.
    Espero que el año que viene encuentres mas y en buena compañia. Jeje

    ResponderEliminar