Hace como unos 12 años,
mientras cabalgaba entre la niñez y la
adolescencia, viví una experiencia grandiosa. Un compañero de mi padre nos
llevó a una ladera de las que flanquean el camino de Granada a Quéntar y allí,
protegidos bajo el mullido musgo que prosperaba bajo los pinos, se escondían estas
setas tan culinariamente valoradas. Desde que cumplí la mayoría de edad, cada
año a partir de las primeras lluvias de otoño volvía a esa otrora generosa loma,
que siempre se encontraba árida. Deducía yo que no había llovido suficiente, que
alguien se me había adelantado o, por fin, que ese lugar ya no era propicio
para la proliferación de estos codiciados seres. Pero este año, la abundante
lluvia y la fortuna me han brindado por fin lo que tanto ansiaba. En buena
compañía hice algunos maravillosos hallazgos:
La mayoría eran más grandes que
los que recuerdo haber cogido aquella vez, y es que puede que estos sean los de
otra especie (Lactarius semisanguifluus
frente a L. deliciosus, Rovellón
frente a Níscalo) que crece más avanzado el otoño resguardándose del frío bajo
arbustos, en este caso jaras y pequeñas encinas.
Pero no fue esta la primera vez
que me reencontré con la seta de pino desde aquella nostálgica mañana años
atrás, aunque casi. Hasta este año no lo he conseguido, y fue el pasado Noviembre
en los sevillanos pinares de Aznalcázar, situados entre esta localidad y Puebla
del Río.
![]() |
| Champiñones, muchos Níscalos y un Gallipierno. |
![]() |
| Un estupendo ejemplar de Macrolepiota. |





Buena amigo!!!!! me parece genial el articulo. Veo que poco a poco te estas convirtiendo en un gran micologo.
ResponderEliminarEspero que el año que viene encuentres mas y en buena compañia. Jeje